1996: Gilda vive
Por Oscar
Garrido Aravena
No recuerdo qué edad tenía cuando escuché por primera vez a Gilda. Mi madre tenía un cassette con un sello asegurando que era una edición original de Corazón Valiente. En la carátula aparece ella con una corona de flores y un vestido morado mirando el cielo. Seguramente la escuchamos muchas veces en la casa enorme en que vivíamos. Éramos solo ella, Gilda y yo.
Nunca más pude sacar sus canciones de mi cabeza. Es una sensación extraña, como si las conociera desde siempre. Como si a ratos se ocultaran, pero cada tanto volvieran para recordar los sonidos de esos primeros años, cuando con mamá cruzábamos caminando la línea del tren para llegar a casa. Recuerdo que me escondía tras sus piernas, abrazándola fuerte cada vez que los carros llenos de gente se acercaban a la estación y yo me asustaba. Ella me protegía.
Cuando Gilda falleció yo solo tenía
dos años. Nunca la vi ni la escuché en vivo, y aun así pareciera que en algún
momento estuvimos muy cerca. No debo ser el único con esa sensación de
familiaridad. Es parte de lo que ella generaba y que no he vuelto a sentir con
ningún otro artista, vivo o muerto.
Siempre escuché cumbia, estaba en
todas partes y nunca tuve ganas de resistirme. Me parecía que era la música que
hablaba de lo que la gente real vivía. No lo que salía en televisión. Cumbia
también escuchaba mamá cuando llegaba en bicicleta a cosechar los productos que
el campo entregaba. Siempre acompañada de su personal stereo.
Gilda es ternura y cariño. Es el
recuerdo de una infancia feliz, que se alimentaba de la alegría que provocaba
el sonido de su música. Es una herencia invaluable que me ha obligado a conocer
más de su historia y de cómo esta influyó en mi propia historia.
Pasó el tiempo y todavía no puedo decidir si me gusta más la versión original de Paisaje o la cumbia de Gilda. Afortunadamente, nada me obliga a hacerlo.
Pasó el tiempo y todavía no puedo decidir si me gusta más la versión original de Paisaje o la cumbia de Gilda. Afortunadamente, nada me obliga a hacerlo.
Miriam Alejandra Bianchi falleció
el 7 de septiembre de 1996 en un trágico accidente automovilístico, donde
también perdieron la vida el chofer del bus que la transportaba, su madre, su
hija mayor y tres de sus músicos. Un año antes de su muerte, lanzó Corazón Valiente, su álbum más popular y
en el que destacan canciones como Fuiste,
Paisaje y Ámame Suavecito.
En 2016, el escritor y periodista
argentino Alejandro Margulis publicó el libro Santa Gilda, en el que retrata la vida, la muerte y los milagros de
la cantante. A fines del mismo año se estrenó la película Gilda: No me arrepiento de este amor, un biopic musical protagonizado por la uruguaya Natalia Oreiro, quien durante
este año también dará vida a una serie inspirada en la vida de la cantante.
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