Buscando a Nemo: el miedo de todo padre




¿Qué harían tus padres si te pierdes? Es lo que logra interpretar de manera perfecta la película “Buscando a Nemo”, un clásico entre los clásicos infantiles que sigue vigente a pesar de que su estreno fue hace bastantes años atrás, 4 de julio del 2003 para ser más exacta.

Los elementos esenciales para lograr captar la atención de su público están en esta cinta de 1 hora y 40 minutos. Animales, colores vivos, movimiento y una historia conmovedora fácil de comprender.
La película tiene tal dinamismo que permite a los niños seguir la historia de principio a fin, sin pasar al aburrimiento en ningún segundo, siendo además de esas películas de las que logras aprender los diálogos entre los personajes de tantas veces que la ves.

Peces payasos llamados Marlin y Nemo y un pez cirujano azul llamado Dory son los encargados de dar el recorrido más largo entre aventura y aventura a través del mar, para lograr el esperado “final feliz” de los niños.

Si bien las películas de Pixar tienen como objetivo dejar enseñanzas a los más pequeños del hogar y tener las características mencionadas anteriormente para así tener su atención, Buscando a Nemo hace algo que otras cintas no acostumbran hacer, o no lo logran a la perfección, como lo es sacarnos de nuestro espacio terrestre para permitirnos sumergirnos en las profundidades del mar.

Mucho se ha visto de gatos y perros que hablan. ¿Qué más novedoso que un pez payaso en la historia? No andas por la vida imaginándote a los peces hablar, ni en los problemas que podrían tener en su diario vivir. No pensarías en el pez payaso menos gracioso del océano, quien pierde a su pequeño Nemo, hasta que ves esta película.

Cada personaje cumple su rol y muchas veces no son lo que aparentan, lo que permite que concentremos nuestra atención en ellos, como en lo olvidadiza que es Dory, en la aleta averiada de Nemo o el tiburón que consideraba a los peces amigo.

“Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar…” Canta Dory en una escena, por lo que es muy probable que quien haya visto la película al menos una vez en su vida recordará ese momento, y es que también tiene escenas que logran grabarse en nuestras retinas, lo que permite introducirnos en la historia y ser parte de esto con mayor facilidad.

Es importante que el mensaje sea claro, que no se haga una exageración sobre el tema, a pesar de que la temática de la película es fuerte, y que lo veamos como algo que nos podría pasar, algo cercano. Sentirse identificado con el cómo actuaría un papá,  una mamá o un niño, tomando el lugar de Nemo, es lo que busca y lo logra sin dificultad alguna.

La temática principal está perfectamente reflejada en estos 90 minutos, pero no se queda solo en eso, ya que desde el comienzo abarca otras problemáticas que se viven en la infancia, como lo es la muerte de un familiar o aquellos problemas que aparecen una vez que uno va conociendo el mundo en las primeras etapas de la vida.

De todo un poco, pero bien organizado. Suficientemente perfecta e ideal para la familia como para verla todas las veces que uno quiera, porque como dije anteriormente, no aburre.

Es una de esas películas en donde viene perfecto la frase “¿Ves lo que te puede pasar si no haces caso a los papás?” Claramente no nos llevará a vivir tantas aventuras en el mar y es probable que los tiburones nos coman antes de que intenten decirnos “los peces son amigos, no comida”, pero todas las situaciones vividas en la película son aplicables en nuestro diario vivir.

No somos estos peces, pero las situaciones que se presentan en cada escena son cosas cotidianas, lo que nos acerca a la realidad mucho más de lo que creemos.


Si aún no la has visto, es probable que no tengas infancia. 

Por Jorkhina Polanco

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