Cincuenta sombras más oscuras: Machismo erotizado
Christian Grey se convirtió en el ícono principal de lo sensual y lo prohibido. Un hombre decidido a satisfacer sus deseos sexuales. Pero esta necesidad, solo se transforma en una manipulación y dominación sobre una mujer sumisa, capaz de cualquier cosa por no perder la compañía de su pareja. Una reafirmación (llevada al extremo) del sistema machista imperante.
Cuesta entender como en el 2017 aún parece excitante ver como una chica es maltratada, humillada y utilizada por un macho alfa que busca “satisfacer sus necesidades sexuales”. Y es que se vende como una película romántica, ideal para ir a ver en pareja. No por nada se estrenó el 14 de febrero. Panorama de Día de los Enamorados.
Anastasia Steele, nombre de la protagonista, es víctima de la manipulación de Grey durante toda la película. Hay que considerar que en la cinta anterior, se ve que Steele sube al ascensor del departamento de Christian, cansada de las constantes humillaciones que este la hace pasar y se despide poniéndole fin a la relación.
Ella decide tomar las riendas de su vida, continuar con su carrera y encuentra un trabajo en una editorial. Sin embargo, ahí vuelve Grey con su lógica de dominación y posesión. Compra la empresa y se convierte en el jefe de la chica. La quiere mantener bajo control. No permite que se relacione con sus compañeros de trabajo y anula su libertad. De esta manera, la presiona para que vuelva a su lado y olvide toda la violencia que ejerció sobre ella tiempo atrás.
Característica principal de una relación violenta en que la víctima está inserta en un círculo vicioso y se le hace imposible romper con este ciclo. Anastasia retoma la relación y continúan bajo la misma tortura. Aunque claro, la película pareciera dar un cambio absoluto porque Christian decide eliminar las “normas” y el contrato bajo el cual se regía este vínculo entre ambos. Pero no. Este hombre dominante no permite que Anastasia salga sin él, se relacione con otras personas cuando él no está presente, norma su vida a tal punto que ella debe dejar su cotidianidad para acompañar a su pareja.
En un país donde diariamente luchamos contra la violencia de género. Un país donde nuestras mujeres mueren a manos de sus parejas a causa del machismo y dominación. Donde los hombres se sienten dueños de los cuerpos de las mujeres. Donde el femicidio se ha vuelto la palabra más habitual en el vocablo chileno, no podemos permitir que películas de este tipo de sigan exhibiendo en nuestras salas.
Conductas ya normalizadas, se transforman en escenas románticas y eróticas, haciendo el llamado a seguir replicándolas como algo que ayuda a fortalecer la intimidad en la pareja. Así seguimos fomentando el machismo. Haciéndole creer a la gente que un látigo y unas esposas son muy excitantes. Que provocar dolor en la persona que es tu compañero o compañera sentimental genera una sensación de placer absolutamente justificable.
Y para reforzar la idea del machismo. ¿Alguien se habrá cuestionado por qué la película se llama “Cincuenta sombras de Grey” si todo el argumento se basa en las sensaciones y emociones de Ana? Porque el rol que cumple Christian es más importante. Obvio. Él es quien manda.
Finalmente, toda esta historia retorcida no puede quedar sin su propio final feliz. El empresario le propone matrimonio a su sumisa (como él mismo la denomina) y ella decide seguir su vida bajo el alero dominante, manipulador, violento y agresivo del hombre de sus sueños. Porque Grey es el hombre ideal, el hombre que todas las mujeres soñamos, ¿no?. O al menos, eso es lo que la película nos intenta decir.
Trailer
Por Renata Valenzuela

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