Una historia de fogata a la pantalla grande
Generalmente, en esta época de
Halloween, Dulce o Truco y esas cosas, todo el mundo recomienda las mejores
películas para ver esa noche. Pero hay otras tan malas, que es necesario
decirlo. En este caso, por favor, nunca vean esta cinta.
Nunca digas su nombre es el peor
intento de película de terror de los últimos años. Es dirigida por Stacy Title,
la misma directora de El diablo se viste de negro y otras cuatro películas más
(en su mayoría también de terror). De verdad, pareciera ser que cada vez que
lanza un nuevo thriller lo hace con la intención de redimir su fracaso anterior.
Pero no, lo lamento Stacy, pero no lo estás logrando.
De partida, la idea es tan
básica, que hasta unos niños en una pijamada cuentan algo que asuste más. Es el
típico grupo de amigos que se van a vivir a una casa embrujada y que hacen todo
lo que les dicen que NO hagan. Miren que novedad. Algo nunca antes visto en el
cine. Es la misma historia tan manoseada que ya no tiene una pizca de
originalidad.
La cinta comienza con un hombre
disparando como loco y matando mucha gente porque dijeron un nombre que no
tenían que decir. Punto. Esta es toda la historia. No tiene más argumento. No
tiene más trasfondo. El resto de los 80 minutos son más de lo mismo. La misma
historia, pero con personajes más actuales. Una lata.
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Mucho tiempo después (otro cliché
del cine) tres jóvenes, Sasha, Elliot y John, se van a vivir juntos a una casa a las afueras de la ciudad.
Comienzan a pasar cosas extrañas. Aparece una moneda, un recurso que jamás se
entiende, no tiene mayor sentido. Se ve un ser extraño que se asoma, pero que
no es percibido por nadie. Hasta que uno de los chicos, Elliot, descubre una
tabla que en la que se repite muchas veces la misma frase “No lo digas, no lo
pienses” y, en la parte posterior, “The Bye Bye man”. Se supone que con la sola
lectura mental, este joven invoca al espíritu que les hará la vida imposible.
El chico investiga e intenta dar
con algún tipo de información que lo ayude a comprender el significado de las
frases que encontró. La bibliotecaria lo ayuda y logran dar con archivos muy
ocultos sobre el tema. Luego de esto, todo el mundo comienza a tener
alucinaciones y se le da rienda suelta a las muertes. Todos se mueren en
situaciones más ridículas que atemorizantes. Ya a estas alturas entra la duda
de si estamos viendo una comedia o un thriller.
Elliot mata a Sasha, quien era su
pareja, porque entre sus alucinaciones, cree que ella lo engaña con su amigo
John y en una escena muy enredada y mal resuelta, mata a la chica cuando en
realidad intentaba matar al chico. La casa se incendia y llega el hermano y la
sobrina de uno de los jóvenes a intentar rescatarlos. En un acto sumamente
heróico, Elliot, el único dentro de la casa que conocía este nombre prohibido,
se reprime del impulso de decirlo en voz alta y termina suicidándose impulsado
por el Bye Bye Man.
Pero el punto final es lejos lo
más cómico de toda la historia. John queda mal herido, pero se salva. Después
de todo el espectáculo recién vivido, también conoce el nombre y toma la sabia
decisión de decirle al oído este nombre a una oficial de policía. ¿En cuántas
películas hemos visto esto? El único sobreviviente del aterrador relato deja
como legado para las futuras generaciones esta frase que seguirá condenándolos
a todos.
Lo peor de todo esto, es que el
hecho de finalizar de esta forma, perpetuando el Bye Bye Man, deja la
posibilidad abierta de una segunda parte. Por favor Stacy, basta. Ni lo
intentes. La historia no da para más. Una secuela nos traería exactamente el
mismo relato, pero con personajes distintos. En serio, no.
Por Renata Valenzuela




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